Saturday, December 10, 2011

"Puchuquei" o Chapultepec, nuestro Central Park chilango


"Vamos a Puchiquei" le balbuceaba a a mi papá cuando tenia mi pelo de príncipe valiente. Recuerdo varias fiestas infantiles en el bosque de Chapultepec. Globos colgados con lasos de un árbol a otro, una mesa llena de comida y un gran pastel de merengue con forma de cancha de fútbol, los amigos y familiares cantando las mañanitas, los platos donde se embarraba asquerosamente la gelatina con el pastel, las deliciosas chaparritas de naranja, y algún payaso sangrón que se contrataba de cumpleaños en cumpleaños. Así recuerdo mis primeras veces en Chapultepec.

Ya de más grandecito comencé a ir a los museos del bosque. Recuerdo las polvorientas maquetas de batallas históricas en el museo del Caracol, o la increible carroza presidencial de Benito Juárez en el garage de Castillo. Pero quizá más popular era la casa de los espejos donde los gordos eran flacos y los feos aún más feos. Quizá el zoológico lo he disfrutado más ahora ya de grande, pero como olvidar aquellos gloriosos años ochenta cuando los osos panda eran la sensación y hasta Yuri les cantaba porque "aún no andaban".

¿Quién no fue a remar con sus cuates de la secundaria al lago de Chapultepec?!, recuerdo que hace un par de años, se le hizo una grieta cual tina sin corcho y se estaba yendo el agua puerca al más allá, donde por cierto, se va toda el agua de las fugas de la ciudad. No se si exista aún, pero recuerdo una mini ciudad con calles, donde te daban una bici y tenias que obedecer las reglas de tránsito, los semáforos y a los policías, quizá si existiera hoy conduciríamos más civilizados por las calles.

Sin dudarlo el museo más maravilloso de Chapultepec y quizá de México sea el de Antropología e Historia, con su Tlalóc haciendo guardia a decenas de salas de interminables objetos que no llegan a observarse y disfrutarse en un sólo día, y sus voladores de Papantla que saludan a los puntos cardinales mientras te comes tres hot dogs por 20 pesos. Recientemente me gusta que se se ha aprovechado muy bien la reja de Paseo de la Reforma donde he visto distintas exposiciones fotográficas de las minas de Naica, o hasta de Paquita la del Barrio.

El bosque de Chapultepec es un sitio multicolor lleno de comida colorida, de botargas que se quieren retratar contigo para imprimirse en un llavero, de globeros y burbujas de jabón, de ardillas mañosas que son sobrealimentadas por los visitantes. Ayer realicé una caminata perdiéndome por lugares de Chapultepec que no tenía ni idea que existían. Descubrí un manantial que Moctezuma usaba como alberca y que ahora es un agujero seco y triste. No sabía que hay un enorme monumento en honor al escuadrón 201, justo frente a un Ahuehuete ya muerto, que Moctezuma mandó sembrar hace más de 500 años. Quizá el descubrimiento más emocionante de mi visita de ayer, haya sido un audiorama, el cual aprovecha justo el espacio adyacente a una cueva (sí, hay una cueva en Chapultepec!), en donde te puedes sentar en unas agradables y coloridas bancas a leer libros que ahí te prestan, y escuchar música que va cambiando según el día de la semana. Muy agradable me pareció este oasis de relajación donde me relajé a leer unos poemas de Neruda que me transportaron lejos del bullicio de la ciudad.

Chapultepec es un sitio para andar en una bici "vintage", para irse de pinta y echar novio revolcándose entre la hojarasca, es un escape para ir a ver un Cóndor de los Andes en el corazón de una ciudad donde sólo abundan gorriones invasores. Chapultepec es un viaje por la historia de México y descubrir la torre de donde se aventaron los niños héroes. Chapultepec es el pulmón de oxígeno más grande de la ciudad pero también es el sitio donde remas entre aguas verdes. Después de haber podido visitar Central Park en Nueva York, no dudo en afirmar que nuestro Bosque de Chapultepec tiene quizá más potencial pero lo hemos abandonado mucho, ojalá hiciéramos una cuarta parte de las actividades que hacen los gringos en su parque. Ojalá hubiera un John Lennon mexicano que donara 1 millón de dólares por la conservación de un mosaico de colores junto a una banca.

"Puchiquei" como le decía o el cerro de los chapulines es de los lugares recreativos más bellos de la Ciudad de México, yo invito y espero que lo rescatemos, lo usemos, nos lo apropiemos y lo disfrutemos mucho más. Hace casi 30 años celebré mi cumpleaños en el Bosque de Chapultepec y me aventaron al pastel luego de apagar las velitas, me estaba asfixiando porque el merengue entró por mi nariz. Aún recuerdo el episodio como un trauma de la infancia, pero no fue suficiente para evitar que regrese a nuestro Central Park chilango y lo disfrute siempre como aquellas primeras veces, entre osos pandas, payasos, ardillas y globos de cumpleaños.


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